sábado, 22 de febrero de 2014

La vida nos da más vida.

  No lo entiendo.
  La gente no se percata de su presencia. Ellas están ahí, siempre, esperando ser vistas, ser reconocidas, ser amadas... Pero la gente: nada. No les prestan atención.
  Sé que esta comparación es absolutamente innecesaria, pero decidí que eso no importa: quiero compararlas con una modelo. Ellas son reconocidas por su belleza, ¿cierto? El mundo las reconoce, las aprecia, las abraza con su cálida aceptación. Ahora: ¿cómo puede ser posible que, teniendo TANTA belleza alrededor nuestro todos los días —y sobre todo belleza natural— decidamos conformar a nuestros ojos con lo que nos muestra la televisión?
  Es decir... ¿realmente no somos capaces de apreciar todo lo bueno que nos da la vida? ¿somos tan ignorantes que decidimos conformarnos con lo que nos muestra la tele, en vez de salir al exterior y mirar el cielo y sus infinitas constelaciones cuando es de noche, y sus hermosas alboradas cuando está amaneciendo?
  La vida nos da más vida.
  La gente está dejando de vivir, y mientras más rápido pasa el tiempo, más avanza la tecnología, más se acelera el mundo, y más se están robotizando las personas. Están cayendo en la rutina. Están dejando de sentir, de razonar, de pensar.

  Gente... miren a su alrededor. No miren con odio al mundo, porque el mundo no tiene la culpa de ser mundo. El mundo es lo que actualmente es porque la gente que la habita no la aprecia lo suficiente como para tratarla bien.
  Y no quiero decir con esto que todas las soluciones a sus problemas se encuentran en las nubes, porque claramente no es así. Simplemente les digo que, en esos momentos en los que pensamos que la vida no tiene sentido o que nada vale la pena, miremos las cosas buenas que nos rodean. Seamos agradecidos por lo que tenemos; no vivamos exigiendo más, más y más.

 Me gusta mucho la vida. Pero más me gusta saber que vivo para vivirla.


 

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